jueves, 29 de marzo de 2012


Cuando tu día empieza levantándote diez minutos antes de la hora a la que tenías que estar lista, es fácil pensar que todo el día va a ser así de acelerado. Sin embargo, después de que Clara llamase al timbre de casa la cosa fue mejorando. Francés mezclado con charlas, a mi siempre me ha gustado estudiar acompañada y a pesar de ello, hice lo que tenía previsto hacer. Parece que mi pie derecho ha dejado de doler. En la calle no parece que hoy fuera la esperada huelga general. Allí todo era silencio. Aunque parezca una tontería, el día nublado de hoy no ha tenido ninguna repercusión en mi estado de ánimo, aunque hay otra cosa que si lo consiguió: cocinar para alguien es algo muy íntimo, casi como que te cojan de la mano. Y conociéndote, se que no ha sido algo casual. Yo no se cocinar. A veces lo intento, pero suelen salirme desastres. Ésta vez cocinabas tú. Ni siquiera se qué era, la sartén no se ve. Claro que, frente a una sensación así, lo mejor es seguir a lo tuyo, poner a Kusturica para que no te deje pensar y dejar de hacer el idiota. Ella siempre tiene la palabra adecuada y hoy sólo ha hecho falta una. En la calle, mi vecino sigue queriendo que Jaime golpee el balón como él quiere que lo haga. Jaime tiene 7 años y aún no lo he visto sonreir. Esta tarde he decidido ordenar (al menos eso) los apuntes de Fuentes que tantos días llevan sobre el escritorio. “Tema 4.Fuentes para la historia del arte en la alta edad media”.Después de lo de ayer, me dan ganas de romperlos. A veces me parece demasiado extraño escuchar ciertos comentarios. A veces vienen de demasiado cerca. Espero que ella llegue pronto, odio verla tan poco. Si viene, ojalá me diga que es normal y que será ella la que me ayudará a colocar las fotos en el hueco libre detrás de la puerta. Con un poco de suerte esta noche me dormiré escuchando la voz de John Wayne, aunque prefiero dormirme escuchando la suya.

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