Cuando tu día empieza levantándote
diez minutos antes de la hora a la que tenías que estar lista, es
fácil pensar que todo el día va a ser así de acelerado. Sin
embargo, después de que Clara llamase al timbre de casa la cosa fue
mejorando. Francés mezclado con charlas, a mi siempre me ha gustado
estudiar acompañada y a pesar de ello, hice lo que tenía previsto
hacer. Parece que mi pie derecho ha dejado de doler. En la calle no
parece que hoy fuera la esperada huelga general. Allí todo era
silencio. Aunque parezca una tontería, el día nublado de hoy no ha
tenido ninguna repercusión en mi estado de ánimo, aunque hay otra
cosa que si lo consiguió: cocinar para alguien es algo muy íntimo,
casi como que te cojan de la mano. Y conociéndote, se que no ha sido
algo casual. Yo no se cocinar. A veces lo intento, pero suelen
salirme desastres. Ésta vez cocinabas tú. Ni siquiera se qué era,
la sartén no se ve. Claro que, frente a una sensación así, lo
mejor es seguir a lo tuyo, poner a Kusturica para que no te deje
pensar y dejar de hacer el idiota. Ella siempre tiene la palabra
adecuada y hoy sólo ha hecho falta una. En la calle, mi vecino sigue
queriendo que Jaime golpee el balón como él quiere que lo haga.
Jaime tiene 7 años y aún no lo he visto sonreir. Esta tarde he
decidido ordenar (al menos eso) los apuntes de Fuentes que tantos
días llevan sobre el escritorio. “Tema 4.Fuentes para la historia
del arte en la alta edad media”.Después de lo de ayer, me dan
ganas de romperlos. A veces me parece demasiado extraño escuchar
ciertos comentarios. A veces vienen de demasiado cerca. Espero que
ella llegue pronto, odio verla tan poco. Si viene, ojalá me diga que
es normal y que será ella la que me ayudará a colocar las fotos en
el hueco libre detrás de la puerta. Con un poco de suerte esta noche
me dormiré escuchando la voz de John Wayne, aunque prefiero dormirme
escuchando la suya.
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