viernes, 30 de marzo de 2012


La cogida y la muerte 

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.

Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.

Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.

Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.

Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.

Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.

En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.

¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.

Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,

cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,

la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

A las cinco en punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.

Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.

El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.

A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.

Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,

y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!







Federico García Lorca

jueves, 29 de marzo de 2012


Cuando tu día empieza levantándote diez minutos antes de la hora a la que tenías que estar lista, es fácil pensar que todo el día va a ser así de acelerado. Sin embargo, después de que Clara llamase al timbre de casa la cosa fue mejorando. Francés mezclado con charlas, a mi siempre me ha gustado estudiar acompañada y a pesar de ello, hice lo que tenía previsto hacer. Parece que mi pie derecho ha dejado de doler. En la calle no parece que hoy fuera la esperada huelga general. Allí todo era silencio. Aunque parezca una tontería, el día nublado de hoy no ha tenido ninguna repercusión en mi estado de ánimo, aunque hay otra cosa que si lo consiguió: cocinar para alguien es algo muy íntimo, casi como que te cojan de la mano. Y conociéndote, se que no ha sido algo casual. Yo no se cocinar. A veces lo intento, pero suelen salirme desastres. Ésta vez cocinabas tú. Ni siquiera se qué era, la sartén no se ve. Claro que, frente a una sensación así, lo mejor es seguir a lo tuyo, poner a Kusturica para que no te deje pensar y dejar de hacer el idiota. Ella siempre tiene la palabra adecuada y hoy sólo ha hecho falta una. En la calle, mi vecino sigue queriendo que Jaime golpee el balón como él quiere que lo haga. Jaime tiene 7 años y aún no lo he visto sonreir. Esta tarde he decidido ordenar (al menos eso) los apuntes de Fuentes que tantos días llevan sobre el escritorio. “Tema 4.Fuentes para la historia del arte en la alta edad media”.Después de lo de ayer, me dan ganas de romperlos. A veces me parece demasiado extraño escuchar ciertos comentarios. A veces vienen de demasiado cerca. Espero que ella llegue pronto, odio verla tan poco. Si viene, ojalá me diga que es normal y que será ella la que me ayudará a colocar las fotos en el hueco libre detrás de la puerta. Con un poco de suerte esta noche me dormiré escuchando la voz de John Wayne, aunque prefiero dormirme escuchando la suya.